domingo, 26 de marzo de 2017

La pregunta que me sigue atormentando es cómo lo hiciste para desecharme tan fácilmente. Cómo pudiste haber dado la espalda a tanto, cómo fuiste capaz de destruir lo que tantos años nos costó levantar.
A ratos me pregunto si eres feliz, pero dentro de mi resuena la respuesta: sé que no lo eres, no solo por lo poco que he sabido, sino que, tal como lo describí en una ocasión anterior, lo siento dentro de mí. Porque puede que me hayas sacado de tu vida, que te hayas transformado en el ser patético que eres hoy, pero sabes y sé que soy la persona que más te conoce. O te conoció. 
El otro día tomé la determinación que, así como tú me sacaste y me mataste para ti, voy a hacer lo mismo contigo. No puedo seguir permitiendo que, desde tu ausencia, controles mi vida y me sigas llenando de temores que no me pertenecen. Es hora de poner en práctica todos los consejos oídos. Pero, más que eso, es hora de hacerme cargo de eso desde mi inquietud personal, que demoró en llegar, pero llegó y ya no voy a dar pie atrás.
Puede que no me hayas golpeado, pero, definitivamente, lo que me hiciste fue mucho peor. 
Nunca te voy a perdonar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario